
Farmacias de guardia en Pedro Muñoz durante el mes de Octubre de 2022

En un lugar de la Mancha, tu espacio de Salud

Este artículo lo dedicaremos a profundizar en una enfermedad de la que estamos acostumbrados a escuchar cosas, pero no acabamos de comprender. Se trata del hígado graso. Seguro que conocemos a alguien de nuestro entorno al que le han dicho que tiene el hígado graso. Pues vamos a intentar explicar todo lo que necesita saber al respecto.
Lo primero que haremos será conocer algo más acerca de nuestro hígado. El hígado es un órgano del aparato digestivo, de unos 10 cm de longitud y sobre kilo y medio de peso, que se encuentra en el lado derecho del vientre, alojado justo debajo de las costillas. El hígado realiza una serie de funciones de gran importancia para el funcionamiento de todo el organismo, como por ejemplo, procesar todos los nutrientes que proceden del intestino para fabricar las sustancias propias que necesitamos, elaborar una sustancia llamada bilis que servirá para poder tratar las grasas que provienen de la dieta, o depurar sustancias tóxicas para nuestra persona.
Así pues, el hígado es un órgano que debe estar en plenas facultades para desarrollar estas funciones para las que está diseñado, y el tenerlo dañado puede repercutir en la salud general del individuo.
Ahora, vamos a definir qué es el hígado graso.
El paciente que tiene hígado graso tiene una acumulación anormal de ciertas grasas, sobre todo de tipo colesterol, en el interior de las células de su hígado. El hígado, además de las funciones que ya hemos comentado con anterioridad, es el encargado de fabricar las sustancias grasas que necesita el organismo para su normal funcionamiento, pero si los niveles de colesterol están elevados, ese exceso puede acumularse dentro el hígado.
Así, nuestro hígado en su condición normal presenta un estado uniforme y de color rojo oscuro; si presenta acumulaciones de colesterol, éstas serán aparentes, y el color del hígado ya no será el mismo, tendiendo hacia tonos marrones cada vez más claros, indicando un estado anormal.

Siguiente cuestión: ¿Qué personas pueden desarrollar hígado graso con mayor probabilidad? Pues hay 3 circunstancias que favorecen la aparición del hígado graso. En ocasiones bastará con tener alguna de estas características que vamos a comentar:
1) Exceso de peso. El sobrepeso no trae nada más que complicaciones para la salud, no nos cansamos de repetirlo, y una de ellas puede ser esa anormal acumulación de grasa en el hígado.
2) Niveles altos de triglicéridos y colesterol. Si tenemos mucha grasa en nuestra sangre, ésta puede llegar a acumularse en el hígado. Los niveles elevados de triglicéridos suelen relacionarse con una dieta rica en grasas. Así que ya le he dado una pista sobre algo que puede hacer si quiere mejorar su hígado graso…
y 3), un estado de resistencia a la insulina. Si la insulina no hace su trabajo, bien porque no hay insulina o porque su función está impedida por otros factores, puede aparecer diabetes, y el metabolismo de las grasas también se verá alterado.

Otra pregunta: ¿Qué problemas para mi salud puede originar el tener graso el hígado?
Pues la complicación más importante es a nivel cardiovascular. Si tenemos acumulaciones de grasa en el hígado, también las podemos tener en las arterias, y las probabilidades de sufrir ataques cardiacos, como por ejemplo anginas de pecho, infartos de miocardio, o ictus cerebrales, están aumentadas. Por tanto, nuestra recomendación es que tome en serio las medidas que propondremos más adelante, con el fin de reducir en lo posible su problema de salud en el hígado, y por tanto reducir su riesgo cardiovascular.
Además, a nivel del propio hígado, el aumento en la acumulación de grasa irá deteriorando el órgano, afectando por tanto a su funcionamiento, y pudiendo aparecer unas cicatrices llamadas fibrosis, que en los casos más graves puede llegar a originar estados como la cirrosis hepática o incluso cáncer de hígado. Así que, si nos han diagnosticado que tenemos el hígado graso, hay que empezar a cuidar ese hígado.

¿Y cómo podemos cuidar nuestro hígado? Pues siguiendo ésta serie de recomendaciones que vamos a comentar a continuación:
1) No tomar medicamentos dañinos para el hígado. Si por alguna otra enfermedad estamos recibiendo medicación que pueda dañar aún más nuestro hígado delicado, como por ejemplo antiinflamatorios como los corticoides, tamoxifeno, u otros antitumorales, debemos consultar con nuestro médico y buscar alguna otra alternativa que no nos pueda deteriorar la función hepática.
2) No consumir bebidas alcohólicas. El alcohol daña al hígado. Esto se sabe desde hace mucho tiempo. Así que, si tiene usted hígado graso, no debe consumir nada de alcohol. Nada es nada. No debemos engañarnos a nosotros mismos diciendo que un poquito no hace daño. Hígado graso, cero alcohol.
3) Perder exceso de peso. Esto ya se va complicando, ¿verdad? Ya hemos comentado en episodios anteriores que el exceso de peso no es saludable, y menos cuando nuestro hígado está enfermo por exceso de grasa. Pida ayuda. Se puede conseguir. Haciendo una dieta saludable, con menor ingesta de calorías y baja en grasa, junto con una actividad física diaria y adecuada a sus condiciones particulares, se puede bajar de peso. Vale la pena intentarlo.
4) Controlar sus niveles de glucosa en sangre, sobre todo si le han diagnosticado diabetes. Para controlar la diabetes, han de combinarse dieta, tratamiento y actividad física. Siga las recomendaciones del personal sanitario que le atiende en esta materia.
y 5) Reduzca los niveles de triglicéridos y colesterol. Los niveles de triglicéridos están muy relacionados con el tipo de dieta que tengamos. Así, una dieta baja en calorías y en grasas suele conllevar unos niveles adecuados de triglicéridos. Y si tiene colesterol elevado, consulte a su médico sobre la necesidad de instaurar algún tratamiento corrector, así como seguir unas recomendaciones de hábitos de vida saludables.

En resumen, en el hígado graso se produce una acumulación anormal de sustancias grasas, sobre todo de tipo colesterol. Si a un paciente le han diagnosticado hígado graso, indica que su riesgo cardiovascular está elevado, y debe tomar medidas correctoras para intentar reducir dicho riesgo cardiovascular.
El paciente con hígado graso debe ser consciente de las posibles consecuencias para su salud, y motivarse para adoptar un estilo de vida adecuado a su enfermedad, el cual incluye la eliminación del sobrepeso, control de los niveles de glucosa y colesterol, y evitar el consumo de bebidas alcohólicas.

Este será el cuarto artículo de la serie dedicada a la enfermedad de las articulaciones llamada reúma o artrosis, y estará dedicado a resaltar cuáles son los síntomas que presentan con mayor frecuencia los enfermos de artrosis en sus articulaciones afectadas. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, cada enfermo manifiesta la enfermedad de una manera, que no tiene porqué coincidir con cómo la manifiestan otros enfermos, ni tienen porqué aparecer todos los síntomas que vamos a indicar. Comenzamos con estos síntomas más frecuentes de la artrosis.
Uno de los síntomas más referidos por los pacientes es la presencia de dolor en la articulación con artrosis tras haber realizado alguna actividad. ¿Qué es lo que ocurre? Pues que al realizar algún esfuerzo físico, se produce una reacción inflamatoria, dado que la articulación no está en sus mejores condiciones, y esa inflamación lleva a una sensación dolorosa, al igual que cuando se nos inflaman otras partes del cuerpo.
También suele aparecer rigidez en la articulación después de haberla tenido en reposo durante un cierto tiempo. Derivada también de la inflamación de la articulación por su estado artrósico, el volver al movimiento tras un estado de reposo se hace más difícil. Como suele decirse, la articulación se queda agarrotada, dificultando la movilidad.
La inflamación que sufre la articulación puede ser tal que provoque enrojecimiento en la zona, además de llegar incluso a deformarla de forma visible. Si la inflamación no se controla por algún método, y la deformación de la articulación es muy evidente, la alteración del estilo de vida del paciente es importante. Además, una inflamación muy grande suele provocar un enrojecimiento de la zona, con emisión de calor.
Otro síntoma muy referido por los pacientes es el crujido de la articulación cuando intentan moverla. Estos chasquidos también derivan de la inflamación y del proceso degenerativo del cartílago articular, dado que el cartílago actúa, como ya comentamos en episodios anteriores, como una almohadilla facilitadora del movimiento entre las distintas partes de la articulación. Si esa almohadilla no se encuentra en buen estado, pueden rozar los huesos entre sí, originando estos chasquidos.
Y por último, y derivado de todos los síntomas anteriores, el paciente con artrosis va a presentar una limitación funcional en su articulación. La articulación con artrosis va a estar inflamada y dolorida, haciendo que los movimientos de dicha articulación sean difíciles y traumáticos, lo que llevará a una disminución de la movilidad del paciente, alterando su estilo de vida normal.
Evidentemente, la limitación funcional dependerá de la articulación afectada. No es lo mismo tener artrosis en la rodilla, que limitará mucho nuestra movilidad, que tener artrosis en un dedo de la mano, lo cual limitará nuestras funciones de habilidad manual.
En resumen, los síntomas más frecuentes de la artrosis son: dolor después de una actividad, rigidez después del reposo, enrojecimiento e inflamación, crujido al mover la articulación, y limitación funcional. Todos ellos derivan del proceso de degradación del cartílago y de la inflamación de la articulación. Y estos síntomas, que no tienen porqué aparecer todos en el mismo enfermo, van a dificultar la movilidad de la articulación, y dependiendo de la articulación, limitará en mayor o menor medida la calidad de vida del paciente.



Este artículo estará dedicado a divulgar otro artículo publicado el pasado 13 de Enero de 2022 en el periódico digital theconversation.com, realizado por el autor D. Antonio Murillo Cancho, profesor de Nutrición de la Universidad de Almería, y que se titula “Cómo llevarnos bien con nuestro sistema digestivo”, y al que agradecemos su autorización para difundir estos contenidos de tanta relevancia para muchas personas. Vamos a comenzar a tratar los puntos más destacados de ésta publicación.
La idea fundamental que se trata en el citado artículo indica que, para llevarnos bien con nuestro sistema digestivo, tenemos que ser cuidadosos con el conjunto de microorganismos que habitan en el mismo, y que nos proporcionan una serie de beneficios de extraordinaria importancia para nuestra vida cotidiana.
Al conjunto de organismos microscópicos, muy pequeños, que habitan en el interior de nuestro intestino, se le denomina microbiota intestinal. Estos organismos microscópicos pueden ser de varios tipos, como bacterias, levaduras, u hongos.
Las propiedades que tiene la microbiota intestinal y los beneficios que nos aporta a la salud son tales, que pueden considerarse como un órgano más del cuerpo, de relevancia similar a otros órganos propios de nuestro organismo.
Al igual que otros órganos del cuerpo, su presencia nos va a acompañar y dar funcionalidad durante toda nuestra vida, y va a estar en continuo cambio, adaptación y regeneración.
Las investigaciones más recientes afirman que algunas enfermedades, como la obesidad o la hipertensión, pueden aparecer debido a una composición inadecuada de ésta microbiota, y como norma general para tener una microbiota sana y adecuada en su composición, lo más adecuado es llevar una dieta saludable, variada y equilibrada, y rica en fibra. La fibra alimentaria va a ser el principal aliado de nuestra microbiota intestinal, y por extensión, de nuestra salud intestinal, digestiva y general.
Además de ésta recomendación general, hay algunos hábitos que se han mostrado muy eficaces a la hora de cuidar la flora intestinal. Vamos a comentarlos brevemente:
1) Evitar el estreñimiento. El no ir al baño con la frecuencia adecuada puede alterar la composición de la flora intestinal, pudiendo desarrollarse determinados microorganismos poco adecuados y aumentando la posibilidad de generar sustancias tóxicas dentro de nuestro intestino.
2) Procurar seguir unos horarios regulares para ingerir alimentos, es decir, intentar hacer las comidas principales siempre a la misma hora del día.
3) Dormir un número mínimo de 7 horas por la noche, que garantice un descanso adecuado y reparador. Además, durante el período de descanso, los microorganismos que nos proporcionan más beneficios están particularmente activos para generar sustancias que sean adecuadas para nuestra salud.
y 4) procurar llevar una vida activa evitando el sedentarismo. Cuando nos estamos moviendo, el movimiento de las piernas hace que el sistema intestinal también se mueva, favoreciendo evitar el estreñimiento y actuando a favor de la acción de la microbiota intestinal de efectos beneficiosos.
Por tanto, los comportamientos favorecedores de la microbiota intestinal son evitar el estreñimiento, seguir unos horarios regulares en las comidas, dormir un mínimo de 7 horas en la noche, y tener una vida con actividad física.
Además de estos hábitos que hemos comentado, también hay algunos alimentos que, al ingerirlos, pueden alterar, para bien o para mal, la cantidad y calidad de la microbiota intestinal.
Vamos a comenzar a detallar aquellos cuyo efecto perjudica a nuestros pequeños amigos que habitan en nuestro sistema digestivo:
Resumimos en este punto los alimentos que afectan negativamente a nuestra microbiota intestinal: café, alcohol, alimentos muy grasos, dulces, alimentos con muy alto contenido proteico, chocolate, y determinados medicamentos, en especial los antibióticos.
Pero también existen determinados alimentos cuya presencia en nuestra dieta va a favorecer el desarrollo de una microbiota intestinal saludable. Estos alimentos favorecedores de la microbiota intestinal son los siguientes:
Así pues, si queremos favorecer la presencia de microorganismos buenos para nuestra salud a través de la dieta, debemos priorizar el consumo de alimentos como el yogur, frutas, cereales integrales, legumbre y verduras, sobre todo las verduras de la familia de las coles.
En resumen, la microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos que habitan en nuestro sistema digestivo, y juega un papel muy relevante en nuestra salud, tanto intestinal como general. Para cuidarla y poder beneficiarnos de su presencia, la mejor manera es adoptar hábitos que la protejan, y consumir alimentos que favorezcan su desarrollo.
Queremos agradecer nuevamente las aportaciones y sabios consejos del autor del artículo, D. Antonio Murillo Cancho, profesor de nutrición de la Universidad de Almería, para la elaboración de este material, así como permitirnos colaborar en la divulgación de estos contenidos.
El enlace al artículo original, del que hemos obtenido los conceptos fundamentales a desarrollar, es el siguiente:
https://theconversation.com/como-llevarnos-bien-con-nuestro-sistema-digestivo-172514
