Alcanzamos las 100.000 escuchas o descargas de nuestros Podcasts sobre Salud

 

Hoy estamos de celebración. Alcanzamos una meta.
La aventura de crear contenidos de elaboración propia sobre Salud tiene su recompensa.
Hemos logrado la cifra de 100.000 escuchas o descargas de nuestros Podcasts (programas de radio para escuchar a la carta).
En cada escucha o descarga alrededor del mundo, se lleva el buen nombre de Pedro Muñoz para intentar ayudar a alguien que padece una enfermedad.
Seguimos creando contenidos con la misma ilusión y energía. Gracias a nuestros oyentes.
Puedes escuchar estos contenidos a través de las siguientes plataformas:

Artículo Cuidadores de enfermos de Alzheimer (5) – El cuidador principal

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Artículo número 5 de la serie dedicada a ayudar a los cuidadores de pacientes de Alzheimer. Este artículo estará centrado en la figura del cuidador principal como clave para la correcta organización de todo lo relativo al paciente de Alzheimer.

Los contenidos de este artículo van dirigidos a cuidadores no profesionales de estos enfermos, pues se entiende que los cuidadores profesionales reciben formación adecuada al respecto, y no tienen el vínculo emocional de los familiares que cuidan a un enfermo de este tipo de demencia.

El cuidador principal va a ser la persona que más va a estar en contacto con el enfermo de Alzheimer, aquel enfermo cuya mente va a ir perdiendo todo aquello que fue acumulando durante años y que le hacían ser esa persona, ese ser único e irrepetible, que progresivamente se va a diluir como un azucarillo en un vaso de agua.

Según define la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, se denomina cuidador principal a la persona que asume la responsabilidad en la atención, apoyo y cuidados diarios de cualquier tipo de persona enferma. Es quien además le acompaña la mayor parte del tiempo y quien, aparte del enfermo, sufre un mayor peligro de agresión sobre su salud, convirtiéndose en sujeto de alto riesgo.

El enfermo de Alzheimer va a encontrarse cómodo en situaciones que realiza con una rutina establecida, revelándose ante la aparición de cambios que alteren su espacio de confort. El mantener las actividades habituales con una estructura rutinaria va a ser responsabilidad del cuidador principal, para la adecuada atención de su familiar enfermo de Alzheimer.

Hay varios aspectos a incluir en la planificación rutinaria de actividades, como por ejemplo los horarios, los espacios, las personas, la alimentación, el aseo, o la toma de medicación indicada a nuestro familiar con Alzheimer.

Para esta planificación de rutinas es de utilidad la elaboración de un esquema, una estructuración en soporte físico, bien sea papel o en formato electrónico, de lo que se pretende conseguir. Dicho esquema debe permanecer siempre a la vista de la persona que en cualquier momento tenga la responsabilidad del cuidado, para así evitar confusiones o malos entendidos en cuanto a las rutinas. El esquema debe ser individualizado a las circunstancias de cada paciente, tratando de adaptarse a las rutinas, horarios y costumbres en las que el paciente se encuentre más cómodo.

Todas las personas que se encargan de atender al paciente deben esforzarse por mantener tanto la independencia como la dignidad de la persona enferma.

La figura del cuidador principal va a cobrar cada vez mayor relevancia conforme el avance de la enfermedad de Alzheimer vaya deteriorando la posibilidad del enfermo de cuidarse por sí solo.

Aunque una sola persona asuma esta responsabilidad, y dado que en la mayoría de los casos estos enfermos van a estar en su domicilio, va a necesitar la colaboración de otras personas cuidadoras para cubrir las necesidades de los enfermos con este tipo de demencia durante las 24 horas.

Por las características de la población española, la mayoría de las personas enfermas de Alzheimer son del sexo femenino, y en el caso de las personas cuidadoras, también son mayoritariamente mujeres, principalmente cónyuges, hijas y nueras. Poco a poco va apareciendo la figura del cuidador de sexo masculino, pero aún es meramente testimonial.

El perfil tipo de la persona cuidadora es el de hija, casada, con hijos, y con una edad en torno a los 50 años, que suele tener un trabajo que le obliga a ausentarse del domicilio, y con muchas deficiencias formativas sobre el cuidado de personas con un grado elevado de dependencia. Estas mujeres suelen estar desbordadas por la excesiva carga de trabajo que soportan, y suelen culpabilizarse por no poder atender a su familiar enfermo como a ellas les gustaría.

Para estas personas cuidadoras va a ser de extraordinaria importancia el apoyo de su familia, tanto para colaborar en las tareas de atención a la persona con Alzheimer como para procurarle momentos de evasión y asueto agradables, tan necesarios para el equilibrio emocional del cuidador, sobre todo cuando el desarrollo de la enfermedad pueda llevar a deterioros afectivos con el enfermo.

El avance de la enfermedad irá haciendo cambiar las características del cuidador. En los primeros estadíos, normalmente al realizarse el diagnóstico de la enfermedad, el cuidador va a requerir de formación e información acerca de las necesidades de su familiar enfermo. Cuando se comience una fase de tratamiento, la persona cuidadora deberá ser informada de los distintos tratamientos que se pueden administrar, así como de las consecuencias que pueden tener, tanto beneficiosas como posibles efectos secundarios. Conforme se acerque la fase grave y última de la enfermedad, se necesitarán recursos sanitarios que alivien el posible sufrimiento del paciente, normalmente administrados en el domicilio del enfermo. Finalmente, cuando nuestro familiar enfermo ya no esté con nosotros, será necesario apoyo para asumir la pérdida y la necesaria reorganización en su vida, alterada durante años.

La entidad Cruz Roja Española, en su guía básica de autocuidado para personas cuidadoras, muestra un decálogo con los derechos del cuidador principal, que pasamos a enumerar a continuación:

  1. Conocer el pronóstico de la persona enferma y todo lo relacionado con la enfermedad.
  2. Recibir formación sobre el cuidado de la persona enferma y tiempo para aprenderlo.
  3. Buscar soluciones de acuerdo a sus capacidades y a las de la persona enferma.
  4. Cuidar de sí mismo. Esto no es un acto de egoísmo, sino que le dará la capacidad de cuidar mejor de su familiar.
  5. Buscar ayuda de otros para que participen del cuidado de su familiar, aunque éste se oponga.
  6. Reconocer los límites de su propia fuerza y resistencia.
  7. Dedicar tiempo a actividades placenteras y de descanso que no incluyan a su familiar, sin tener sentimientos de culpa.
  8. Saber que hace todo lo que puede hacer por él y que tiene derecho a hacer algunas cosas por sí mismo.
  9. Enfadarse, sentirse triste y asustado. Es importante que se permita sentir estas emociones que son naturales en determinados momentos.
  10. Rechazar cualquier intento de su familiar de manipularle por medio de la culpa, el enfado o la tristeza exagerada.

En resúmen, la figura del cuidador principal del enfermo de Alzheimer se muestra como clave en la atención del mismo, al ser la persona que más contacto tiene con dicho enfermo, y que ha de coordinar las labores de cuidado con el resto de cuidadores con el fin de proporcionar la mejor atención posible al enfermo de este tipo de demencia, cuyo nivel de dependencia irá aumentando progresivamente junto con la evolución natural de la enfermedad. 

Finalizamos con una reflexión al respecto, emitida por Thomas Kitwood, eminente psicólogo especializado en psico-geriatría y referente en estos temos: “El bienestar de las personas con demencia es resultado directo de las relaciones que mantienen con quienes le rodean”.

Artículo: Cuidador del paciente de Alzheimer (4) – ¿Quién me puede ayudar?

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Artículo número 4 del programa dedicado a ayudar a los cuidadores de pacientes de Alzheimer. En este artículo, trataremos la cuestión de qué tipos de ayuda podemos recibir para poder realizar la labor de cuidador de una forma adecuada, tanto para la persona cuidadora como para la persona enferma de Alzheimer.

La ayuda expuesta en estas líneas está basada en el sistema sanitario y social de España. Cada país tendrá una serie de recursos, que no tienen necesariamente porqué coincidir con los del estado español.

Vamos a comenzar con los recursos socio-sanitarios disponibles, es decir, aquellos que se ponen a nuestro alcance a través de las instituciones sanitarias.

La primera ayuda la deberemos recibir siempre de parte del sistema de atención primaria de salud, es decir, de nuestro médico de atención primaria (o tradicionalmente llamado  médico de cabecera), coordinado con el personal de enfermería. Este personal va a encargarse de realizar una primera valoración del estado de salud del paciente de Alzheimer, pudiendo derivar a la atención especializada si así lo estima oportuno.

El diagnóstico preciso de la enfermedad de Alzheimer lo suele realizar el personal médico especialista en Neurología, pues es el que tiene las competencias y medios de diagnóstico necesarios para ello. Este personal de neurología es el que suele implantar el tratamiento farmacológico en estos enfermos, indicando el medicamento y la dosis más adecuada al estado del paciente.

Puede ocurrir que nuestro familiar necesite la atención del personal especializado en Psiquiatría. Estos casos suelen deberse a la aparición de conductas agresivas, violentas, depresivas o psicóticas, normalmente inusuales en esa persona, pero que salen a relucir junto con la enfermedad de Alzheimer.

O en algunos casos puede recurrirse al médico especialista en geriatría, que valorará a nuestro familiar desde un punto de vista integral dentro de su estado debido a la edad avanzada, teniendo en cuenta todas las enfermedades que puedan aparecer debido a la edad del paciente.

El personal de atención primaria se suele encargar también de renovar los tratamientos que instaure el personal especialista de cada materia, como puede ser la prescripción de medicación, absorbentes para la incontinencia, suplementos o complementos de la nutrición, cuidado de heridas derivadas de la situación del paciente, etcétera.

Fuera de la atención sanitaria, podemos recurrir al sistema de recursos sociales disponibles, a través de las dependencias de Asistencia Social, atendidas normalmente por los ayuntamientos, y que van a gestionar las ayudas que se emitan tanto a nivel municipal, provincial, regional o nacional. Estas ayudas pueden ser de varios tipos, centradas en lograr que nuestro familiar esté atendido lo mejor posible, como por ejemplo ayudas directas a familias para atender el sobregasto de la atención al enfermo de alzheimer, personal de atención de ayuda a domicilio, ingreso en centros de día, o incluso ingreso en residencias geriátricas.

Y por último, podemos pedir ayuda a las asociaciones de enfermos de Alzheimer, que realizan una labor muy especializada en este tipo de enfermos, y que en España están agrupadas en la organización llamada CEAFA, Confederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer y otras demencias. Coordinan ayuda en forma de asistencia de psicología, fisioterapia, terapia ocupacional, etc, y tienen delegaciones en todas las provincias de España.

Si tenemos en nuestra familia algún miembro diagnosticado de enfermedad de Alzheimer, debemos iniciar un proceso activo de solicitud de ayuda. Será lo mejor para todos, enfermos y cuidadores, pues esta ayuda será de mucha importancia para poder atender a nuestro familiar de la mejor manera posible. No despreciemos ninguna ayuda. Toda ayuda va a ser poca en este camino. Pues este camino suele ser prolongado y de gran dureza. Debemos ser conscientes de esto y no querer realizar toda la tarea nosotros sólos. Esta actitud suele llevar al síndrome del cuidador quemado, que trataremos en un artículo posteriores de esta serie de artículos.

En resúmen, la ayuda necesaria para atender a un enfermo de alzheimer puede venir de los recursos sanitarios (personal de atención primaria, y personal de las especialidades de Neurología, Psiquiatría y Geriatría), de los recursos sociales gestionados por el personal de Asistencia Social, y de los recursos proporcionados por las asociaciones de pacientes. Cada recurso nos servirá para lograr paliar una necesidad del enfermo de alzheimer, para conseguir que su estado de salud y de atención sean los más adecuados.

Finalizamos con una frase motivadora al respecto, enunciada por Diana Friel, una de las principales impulsoras de los movimientos asociativos de pacientes de Alzheimer, y que dice lo siguiente: “Pide una mano que te estreche la tuya, un corazón que le cuide y una mente que piense por él cuando él no pueda hacerlo: alguien que le proteja en su viaje a través de los peligrosos recodos y curvas del laberinto”.

Artículo: Cuidador de pacientes de Alzheimer (3) – Los síntomas iniciales

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Tercer artículo de la serie dirigida a ayudar a los cuidadores de pacientes de Alzheimer, que estará dedicado a comentar los síntomas iniciales más frecuentes de este tipo de demencia, y que deben poner sobre aviso al entorno ante la posibilidad de que aparezca esta enfermedad en nuestro familiar o persona conocida.

Vamos a comenzar a describir estos síntomas que pueden  manifestarse:

  1. Pérdida de memoria en el trabajo. Una persona que aún está laboralmente activa puede empezar a olvidar tareas y conocimientos de su trabajo a edades relativamente tempranas, lo que podría ser un indicativo de poder padecer la enfermedad de Alzheimer en un futuro.
  2. Dificultad en tareas familiares. Hay actividades que forman parte de nuestro comportamiento habitual, como por ejemplo elaborar una receta de cocina, o hacer la lazada de los zapatos. Si para una persona empieza a ser difícil hacer éstas tareas por no recordar cómo hacerlas, es un signo de alarma ante el que debemos reaccionar.
  3. Problemas en el lenguaje. En ocasiones, nuestro familiar no acierta con la palabra que quiere decir, o construye frases sin la claridad y sencillez necesarias.
  4. Desorientación en el espacio y el tiempo. Es relativamente frecuente encontrarnos con que nuestro familiar, que salía a darse un paseo por zonas siempre iguales, y que las conocía, llegue un día a casa acompañado por alguien que le ha ayudado pues no sabía volver a casa. O sentarse a la mesa a la hora de la comida preguntando si ya va a cenar. Es un signo de que la alteración cerebral se manifiesta de forma evidente.
  5. Conductas anómalas. Puede ocurrir que nuestro familiar comience a tener comportamientos que no eran usuales en él, como por ejemplo pasear por la casa en ropa interior, o incluso desnudo, o emplear un lenguaje grosero.
  6. Problemas de pensamiento abstracto. Hay determinados conceptos que, por no representarse de forma tangible, son difíciles de manejar por el enfermo, como por ejemplo, el dinero, o los números.
  7. Pérdida o desubicación de objetos. Estos pacientes van a olvidar muchas cosas, entre ellas el lugar donde han dejado sus objetos personales o pertenencias de algún valor. Es típica la frase «no sé dónde he dejado los zapatos….»
  8. Cambios de humor y de conducta. Los enfermos de esta demencia pueden experimentar cambios bruscos en su estado de ánimo, pasando de estar alegres a tristes, o viceversa, con gran rapidez y facilidad. O también pueden comenzar a manifestar conductas agresivas.
  9. Cambios en la personalidad. El siguiente escalón en los cambios de conducta puede llegar a cambiar parte de la personalidad del paciente, haciendo que se vuelvan más desconfiados, temerosos, deprimidos, dependientes o suspicaces.
  10. Pasividad. Conforme la enfermedad va progresando, las alteraciones que sufre el sistema nervioso del paciente le llevan a un mayor retraimiento, apatía y falta de actividad.

En resumen, los síntomas de la enfermedad de Alzheimer suelen aparecer de forma progresiva, afectando a la memoria, el lenguaje, el comportamiento o la personalidad. Cada enfermo puede expresar estos síntomas en mayor o menor medida, y su aparición debe alertar al entorno para que se puedan tomar medidas terapéuticas antes que haya un avance importante de la enfermedad.

Finalizamos con un refrán popular en relación a lo tratado en este episodio: «la memoria es como el mal amigo: cuando más falta te hace, te falla»

 

Artículo: Cuidador del paciente de Alzheimer (2) – ¿Qué es el Alzheimer?

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Segundo artículo de la serie dirigida a los cuidadores de pacientes de Alzheimer, y en el que trataremos de definir qué es la enfermedad de Alzheimer, así como los factores de riesgo de padecer dicha enfermedad.

Se puede decir que la enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia entre las personas mayores. Y entendemos por demencia a un trastorno cerebral que afecta gravemente a la capacidad de una persona de llevar a cabo sus actividades diarias.

En el caso de la enfermedad de Alzheimer, se va afectando de forma intensa y progresiva las capacidades de recordar, aprender y razonar.

Como en otras enfermedades, existen unas circunstancias cuya presencia hace que las probabilidades de sufrir la enfermedad sean mayores. A estas circunstancias se les denomina, para cualquier enfermedad, factores de riesgo de padecer dicha enfermedad.

En el caso de la enfermedad de Alzheimer, los factores de riesgo pueden ser de 2 tipos: modificables, y no modificables.

Vamos a comenzar con los no modificables, dado que su presencia no va a depender de nuestros hábitos o estilos de vida.

Los factores de riesgo no modificables de padecer enfermedad de Alzheimer son los siguientes:

  1. Edad avanzada. La probabilidad de padecer la enfermedad de Alzheimer aumenta con la edad. Es decir, esta enfermedad está asociada a personas mayores.
  2. Género femenino. Hay más mujeres que hombres enfermos de Alzheimer. Algunos científicos lo achacan a que las mujeres viven más años que los hombres, y por tanto alcanzan mayores edades.
  3. Antecedentes familiares. Si nuestros padres o abuelos ya padecieron esta enfermedad, nosotros tendremos mayores posibilidades de padecerla también.

Vamos a tratar ahora los factores de riesgo modificables, es decir, los que podemos intentar controlar con hábitos y comportamientos adecuados.

Por un lado, la enfermedad de Alzheimer está relacionada con un riesgo cardiovascular elevado, y si controlamos las circunstancias que inciden en dicho riesgo cardiovascular, podremos retrasar la aparición del Alzheimer.

Las circunstancias más relevantes que elevan el riesgo cardiovascular son las siguientes:

  1. Enfermedad cardiovascular. Si padecemos alguna enfermedad que afecta al sistema cardiovascular, como patologías del corazón o del sistema circulatorio, esta función estará alterada, afectando al riego sanguíneo cerebral.
  2. Hipertensión. El tener elevada la tensión arterial hace que el sistema circulatorio no funcione en las mejores condiciones, aumentando las probabilidades de sufrir un infarto o un ictus.
  3. Colesterol elevado. Niveles altos de colesterol en sangre propician la aparición de placas de ateroma, que dificultan la circulación de la sangre en esos puntos, y pueden generar graves complicaciones.
  4. Diabetes. Unos niveles no controlados de glucosa acaban afectando a los vasos sanguíneos, tanto los grandes como los pequeños, aumentando el riesgo cardiovascular del paciente.

Y de otro lado, hay circunstancias poco saludables que pueden favorecer la aparición de la enfermedad de Alzheimer. Esas circunstancias son:

 

1)Tabaquismo.

2) Inactividad física.

3) Inactividad intelectual.

4)Haber sufrido golpes fuertes en la cabeza.

 

En resumen, el Alzheimer es un tipo de demencia que afecta sobre todo a personas mayores, afectando a su capacidad de recordar y razonar. Suele asociarse a un riesgo cardiovascular elevado, y ciertos hábitos como el tabaquismo o la falta de actividad física pueden contribuir a su aparición. 
Finalizamos el artículo con una frase sobre esta enfermedad recogida en el blog de la página web www.alzheimeruniversal.eu, que recomendamos visitar por su alto interés para los cuidadores. La frase es la siguiente: «El Alzheimer es el ladrón más listo; no sólo te roba, sino que te roba la capacidad de acordarte que te ha robado».

Artículo: Cuidador del paciente de Alzheimer (1) – Consejos generales

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Este será el primer artículo de una nueva serie de los que el equipo de la Farmacia de la Mulilla está realizando para ayudar a los pacientes. En esta ocasión, esta serie no irá dirigida a las personas enfermas, sino a sus cuidadores y familiares. Nos referimos en concreto, a las personas cuidadoras de enfermos de Alzheimer.

En este primer artículo, vamos a dar unas pinceladas con consejos generales a tener en cuenta por estas personas cuidadoras.

Una de las primeras tareas que debe tener una persona que se va a encargar de cuidar a un paciente de Alzheimer es la de buscar información, en fuentes de garantía, sobre la enfermedad y sobre su nueva función como cuidador.

Para ello, puede recurrir a profesionales, como personal médico, de enfermería, de trabajo social o de terapias ocupacionales. Y también se puede recurrir a asociaciones de familiares de Alzheimer, agrupados en la organización CEAFA, que suelen proporcionar una orientación muy notable al estar continuamente en contacto con este tipo de enfermos y su entorno.

En segundo lugar, aceptar tu nueva situación te ayudará a afrontarla mejor, y cuanto antes lo hagas, mejor será para todas las partes implicadas.

En todo momento, la sinceridad contigo mismo y con los demás será de gran utilidad. De nada sirve engañar a los demás, porque en el fondo, lo único que estarás haciendo es intentar engañarte a tí mismo, y esa actitud no ayudará para poder llevar a cabo tu nuevo cometido.

El cuidador de paciente de Alzheimer debe ser consciente que no existe el cuidador perfecto, y por ello no debe exigirse demasiado. Un alto nivel de autoexigencia hará que el síndrome del cuidador quemado aparezca antes de lo deseable.

Otra cualidad que deben tener estas personas cuidadoras es la de la paciencia, en un grado elevado, pues si perdemos la paciencia, sólo nos traerá complicaciones y problemas, tanto para la persona enferma como para la persona cuidadora.

Debemos aceptar toda la ayuda que se nos ofrezca. E incluso pedir ayuda sin reparos. Toda la ayuda que tengamos va a ser poca, ya que la enfermedad de Alzheimer, además de desgastar al enfermo, desgasta mucho a las personas cuidadoras, y por ello esta ayuda será imprescindible.

El mantener contacto con otras personas que estén en nuestra misma situación tiene un efecto beneficioso en nuestro estado de ánimo, ya que servirá para compartir experiencias y emociones, con lo que podremos aprender técnicas y comportamientos que nos ayuden a gestionar nuestra labor de cuidador, y a la vez permitirá descargar nuestras tensiones en otras personas que entienden perfectamente nuestra situación.

El cuidador de paciente de Alzheimer tiene que esforzarse en cuidarse, tanto física como psíquicamente, pues este cuidado nos reforzará para poder afrontar la dura tarea con nuestro familiar o enfermo a nuestro cuidado.

Y por último, el cuidador debe esforzarse por que el enfermo nos perciba como un amigo incondicional. La amistad es un sentimiento de gran ayuda para gestionar estos enfermos, y ya que no nos puede reconocer como familiares, al menos nos conocerá como sus mejores amigos.

Para finalizar, recogemos una frase anónima sobre los enfermos de Alzheimer y sus familiares: “Y de pronto apareciste tu, mal despiadado llamado Alzheimer, para llevarte mi bien más preciado: mi memoria. Lo que tú no sabías es que el amor de mi cuidador es más fuerte que tus zarpazos letales”.

Artículo: El cuidador del paciente de Alzheimer 6 – Normas generales de nuestra nueva vida

Artículo número 6 de los que estamos dedicando a ayudar a los cuidadores de pacientes de Alzheimer. Este artículo lo dedicaremos a dar una serie de recomendaciones sobre cómo debe ser nuestra nueva vida al comenzar como personas cuidadoras de un enfermo de Alzheimer.

Nuestra nueva labor de cuidador va a condicionar nuestra vida de forma significativa. El objetivo es conseguir la mejor atención de nuestro familiar enfermo de Alzheimer, procurando mantener a los cuidadores en un estado físico y mental adecuado para la tarea. Los expertos en la cuestión consideran de gran interés para todos, cuidadores y enfermos, el tener en cuenta los siguientes indicaciones que vamos a exponer:

  1. Evitar las discusiones. Las situaciones estresantes o violentas sólo van a lograr que el paciente se quede bloqueado, sin saber qué hacer o cómo actuar, pudiendo desencadenar una crisis nerviosa. Discutir con un enfermo de Alzheimer no suele ser una buena opción. Es mejor dejar que la situación se apacigüe, que pase un poco de tiempo hasta que podamos abordar el problema con mayor calma y serenidad.
  2. Simplificar las tareas y las decisiones. Hay que ponerles tareas sencillas, en el orden en que lo tienen que hacer. Para ellos es más fácil obedecer las órdenes que pensar cómo tienen que hacer algo. Por ejemplo, si nuestro familiar puede vestirse sólo, podemos acostumbrarle a tener encima de la cama la ropa que se tiene que poner, y a ser posible en el orden en que se lo tiene que poner, para evitarle decisiones que puede que ya no sepa tomar, como por ejemplo si se tiene que poner antes los pantalones que la camisa.
  3. Procure conservar el buen humor. Una sonrisa y una expresión alegre conseguirán siempre más que forzar una situación desagradable. Las emociones son contagiosas, y si tratamos a nuestro familiar con crispación y enojo, lo único que conseguiremos es enojar y crispar al enfermo, y luego reconducir la situación será más complicado.
  4. Tenga una paciencia casi infinita. No se desespere… Piense que si usted lo pasa mal, el enfermo también está sufriendo. Es difícil mantener la paciencia cuando se mezclan los sentimientos de afecto hacia nuestro familiar con la frustración de ver cómo va desapareciendo su personalidad junto con sus recuerdos, pero ante todo debemos ser conscientes de la importancia de mantener la calma. La situación puede mantenerse mucho tiempo, y debemos entrenar nuestra salud mental para estas circunstancias.
  5. Aumente las medidas de seguridad en la vivienda. Se deben quitar barreras que puedan hacer más complicada la vida del paciente, lo que ayudará a su bienestar, y le puede ahorrar problemas futuros. Ejemplo: cambiar la bañera por un plato de ducha.
  6. Estimule la salud física e intelectual del paciente. Ayúdele a mantener en forma la capacidad intelectual, aunque la tenga mermada. Cuanto más la ejercite, más protegida estará frente al progreso de la enfermedad. En cuanto a la forma física, son incuestionables los beneficios de mantener un mínimo de actividad física diaria. Evidentemente, nuestro familiar tendrá muy disminuida su forma física, pero siempre podremos encontrar ejercicios adecuados a su edad y condición física para ayudarle a mantenerse en forma. Caminar sigue siendo la mejor opción para todas las edades. Dar un paseo, aunque sea pequeño, beneficiará tanto al enfermo como a la persona cuidadora.
  7. Aproveche las habilidades de la persona enferma. No le obligue a hacer actividades que no son de su agrado. Lo que quieren es hacer lo que ya saben hacer, no aprender cosas nuevas. Por ejemplo, si a nuestro familiar le gustaba pintar, dejémosle que pinte todo lo que quiera; en esos momentos su mente estará ejercitándose de forma relajada y agradable.
  8. Usar materiales auxiliares para reforzar la memoria. Los profesionales le orientarán sobre dónde puede conseguir estos materiales, de calidad y muy adecuados para el enfermo. En internet hay mucha información al respecto, y le puede ser de gran ayuda. Busque la información en fuentes fiables y de prestigio en el tema.

 

En resumen, estos 8 puntos que hemos comentado, a saber, evitar las discusiones, simplificar las tareas y decisiones, conservar el buen humor, tener una paciencia infinita, aumentar las medidas de seguridad en la vivienda, estimular la salud física e intelectual del paciente, aprovechar las habilidades de la persona enferma, y usar materiales auxiliares para reforzar la memoria, han sido descritas por los expertos en la materia como de gran ayuda en nuestra relación con nuestro familiar enfermo de Alzheimer. Tengámoslas en cuenta en nuestra nueva vida como cuidadores.

Finalizamos este episodio con una nueva frase que hemos localizado acerca de esta enfermedad: “La memoria no es el tiempo ni el lugar. Son muchos tiempos y muchos lugares. La Memoria está en tu rostro, en tus manos, en cada gesto y en cada sentimiento”.

Caratula Artículos Alzheimer 6