Artículo: Resumen general COVID-19

 

Artículo número 12 de la serie dedicada a la enfermedad COVID-19. Este será un artículo resumen general de todo lo tratado en esta serie, realizada para informar lo mejor que podemos y sabemos sobre esta enfermedad que tanto está cambiando nuestras vidas.

El agente infeccioso que provoca la enfermedad covid-19 es un virus del tipo coronavirus llamado Sars-CoV-2, que se cree proviene del murciélago, y que ha pasado a la especie humana a través de una especie intermedia. Cuando el virus infecta a una persona, utiliza las células de ésta para poder reproducirse, provocando la muerte de esas células dando lugar a daños que se extienden por diversas partes del cuerpo. Su transmisión a nivel mundial ha dado lugar a una pandemia, y está siendo la responsable de muchas muertes en todo el mundo, así como de secuelas importantes en la salud de millones de personas.
 
El conocimiento actual determina que la principal forma de transmisión de la enfermedad es por medio de aerosoles, que son corrientes de sustancias emitidas por las personas al hablar fuerte, toser o estornudar. Si una persona no contagiada inhala los aerosoles emitidos por una persona contagiada, el riesgo de infectarse y luego desarrollar la enfermedad es elevado. El uso generalizado de mascarilla va a proteger frente a esta transmisión, ya que si una persona infectada habla con la mascarilla puesta, sus aerosoles no serán emitidos, y si una persona no infectada está cerca de alguien que sí lo está, la mascarilla reducirá la posibilidad de inhalar los aerosoles emitidos por ésta.
 

 

Las personas con mayor riesgo de sufrir consecuencias graves para su salud en caso de padecer la enfermedad son aquellas mayores de 65 años, cuya situación general está ya debilitada por el paso del tiempo, sobre todo si además presentan alguna otra enfermedad anterior a la infección, entre las que se destacan problemas respiratorios, circulatorios o metabólicos. Por ello, son las personas con acceso prioritario a las campañas de vacunación. Hay que proteger antes a los que peor lo pueden pasar en caso de ser infectados.
 
Para tratar de evitar la transmisión generalizada de la infección, y a la vez tener unos sistemas sanitarios adecuados para atender a los enfermos, se han decretado confinamientos de la población, en distintos grados según la situación particular de cada nación. Recordemos que la transmisión está asociada a contacto estrecho entre individuos. Evitando ese contacto, evitaremos la transmisión.
 
En cuanto a las medidas de protección recomendadas para la población, se sigue destacando la importancia del uso de la mascarilla, respetar una distancia interpersonal de al menos 2 metros, ventilar los ambientes cerrados, observar una higiene frecuente de las manos, y evitar aglomeraciones en sitios cerrados.
 

 

Si una persona presenta síntomas compatibles con los de la enfermedad COVID-19, debe someterse a auto-aislamiento, para evitar seguir propagando la infección. Los síntomas más usuales son tos, fiebre y sensación de ahogo, aunque puede no presentarse alguno de éstos, y si manifestarse otros síntomas. Ante todo hay que dejarse llevar por la razón, y no perder la calma. La estadística indica que en una proporción muy elevada las consecuencias para la salud no son graves. Pero hay que mantenerse en contacto con el personal sanitario para evaluar de forma continuada el estado de salud, por si se requieren otras actuaciones en caso de agravamiento de la situación clínica del paciente.
 
Las normas a seguir en caso de auto-aislamiento pasan por un contacto con la persona aislada reducido a lo estrictamente imprescindible, y el aumento de las medidas de protección, seguridad e higiene dentro del domicilio. Los cuidadores han de ser extremadamente cuidadosos en la higiene, e informar de inmediato si presentan también síntomas de la enfermedad.
 

 

En cuanto a la alimentación en estas situaciones de aislamiento, se insiste en que hay que evitar el sobrepeso y la obesidad, que pueden ser un factor agravante de la enfermedad en caso de resultar contagiados. Se debe reducir la ingesta de alimentos ricos en calorías y moderar el llenado de los platos. La pirámide nutricional recomendada basa la alimentación en azúcares de liberación lenta, frutas, verduras y legumbres, controlando la ingesta de carnes y pescados, y evitando la bollería y los alimentos elaborados industrialmente. Se debe limitar la ingesta de alimentos grasos, evitando técnicas culinarias que abusen de las grasas. Y se recomienda beber 2 litros de agua al día, bien sola o en forma de infusión, y tomar todos los días un poco el sol para garantizar el aporte de vitamina D.
 
La actividad física se muestra cada vez más importante en el mantenimiento de la salud en general, y en particular en estos momentos difíciles. Es un gran aliado contra el sobrepeso y la obesidad, y puede realizarse tanto al aire libre como en nuestras casas, sabiendo organizarnos y teniendo motivación para ello. La Organización Mundial de la Salud nos anima a conseguir al menos uno de estos 2 objetivos: caminar 10000 pasos al día, y realizar una actividad de intensidad moderada durante 150 minutos en una semana. Siempre ha de realizarse un ejercicio adecuado a nuestra edad y condiciones físicas en el momento de hacerlo.
 
La salud mental también está comenzando a verse afectada por el avance de la pandemia y sus consecuencias. Vamos a recordar una serie de recomendaciones que se han mostrado eficaces para proteger nuestra mente en situaciones difíciles como las que vivimos. Hay que procurar dormir bien, alimentarnos de forma saludable, realizar algún tipo de actividad física, mantenernos en contacto con los seres que apreciamos, dedicar tiempo a actividades que nos produzcan satisfacción, hacer uso de técnicas de relajación, evitar exceso de información sobre la pandemia, estructurarse las actividades a lo largo del día, y seguir las recomendaciones del personal sanitario, evitando escuchar opiniones no especializadas en la materia.
 

 

Y por último, el control de la pandemia se conseguirá con la expansión de las vacunas contra la enfermedad. El mecanismo de acción de las vacunas se basa en generar una respuesta inmunitaria tal que, en caso de contagio por el virus, esta infección pueda controlarse o reducir las consecuencias graves para la salud del paciente. Todas las vacunas disponibles hasta el momento han demostrado reducir totalmente la mortalidad por COVID-19 en caso de infección. La presencia de algún efecto secundario aún no se muestra más relevante que los beneficios que aportan en esta pandemia. Y progresivamente irán haciendo que recuperemos la normalidad en nuestras vidas.

 

 

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